martes, 22 de abril de 2008

Eva también: Eva Feld, novelista


por Salvador Garmendia

"...acaso sólo parecido a otros niños cuyos padres también leían en alemán, saludaban en rumano, entendían ruso y callaban los sentimientos".
Eva Feld. Los vocablos se amaron por última vez



Esto de que el mundo es un puño, viene a ser una frase eterna, que no se desgasta con el uso porque no quiere decir nada. Nada, salvo lo que tenemos a la vista: un puño cerrado que podemos abrir cuando queramos y darnos cuenta que por dentro está vacío; sin olvidar que hay signos enigmáticos escritos en la palma; trazos caprichosos que parecen tropezar y resquebrajarse como abatidos por un vendaval.

La primera novela de Eva Feld, Los vocablos se amaron por última vez, (Ala de cuervo, 2000) es la historia fabulada de un siglo que cabe en un puño: basta abrir los dedos para que el contenido se desprenda convertido en virutas. Es la primera versión en dibujo animado de un siglo XX que parecía eterno y se desvaneció como una mueca y es la manera como Eva abraza esos 100 años en una novela, cuyos seres animados proceden a veces de la historia reciente o se agregan a elladesde la propia biografía de la autora; pero unos y otros son heterónimos: individualidades no vividas o vividas hasta la mitad; criaturas mentales materializadas sobre tiempos y espacios veraces y tangibles; almas en peligro como cualquiera de las que pasan a nuestro lado; "contradictorias entre sí -y contradictorias en sí mismas-", como lo expresa Miguel de Unamuno en el párrafo que sirve de epígrafe al libro. Es, por lo tanto, la novela inicial de Eva, una ficción en la ficción, narrada por trujamanes que intercambian antifaces y vestimentas; y en sus propias palabras, "una crineja que enhebra muchos rizos: Los de la trama conciente, inconciente, subconciente, la identidad, la otredad, el afuera, el adentro, la partícula, la totalidad, la investigación, la inspiración, la causalidad, la casualidad".

La manera de contar de estos Vocablos es sólo parcialmente lineal y en ocasiones oscura y evasiva, pero la voz que narra es exterior y descansa en la armadura simple de una fábula. Una manera de contar que se remonta a los tiempos de Esopo, cuando los animales hablaban y sus diálogos parecían conversaciones de amas de casa. La autora no teme a este encuentro directo con la página. Sabe que hace tiempo el monólogo interior dejó de ser un quebradero de cabeza, y se convirtió en poco menos que en un paseo de campo. La interioridad de hoy quedó del lado afuera.

Pero, éstas páginas son astutamente femeninas, diabólicamente complejas en su ejecución, semejantes a una empecinada labor de hilo y aguja. Eva mantiene sus vocablos en permanente fuga. Cada párrafo es una bandada de tordos que escapan cuando pasamos cerca de ellos.

Muchos se van sin que podamos reconocerlos, pero siempre hay un tordo agresivo que se precipita en declive contra nosotros y nos sacude un aletazo en la oreja, que luego se prolonga en la piel con un estrujante escalofrío. Así nos aproximamos a la desquiciada biografía del viejo General Chalbaud, cuando él y sus compañeros burlan la estricta incomunicación a que eran sometidos los presos políticos en la Rotunda, mediante sesiones espiritistas que les permitían convocar a las almas mediumnizadas de los antigomecistas muertos, para enviar mensajes a laconspiración que operaba al otro lado del océano. El sacrificio estéril y altisonante de esta figura de guiñol, que muere acribillado en el puente de Cumaná, blandiendo frente al enemigo una bandera de Venezuela, como si encabezara un desfile patriótico. Las andanzas del mujerero de su hijo Carlos, entre conspiraciones parisinas de folletín decimonónico y su muerte en 190... en manos de una bandada de asesinos ebrios, en el primer magnicidio que conoció la historia del país y último acto de barbarie en el anecdotario político local. Al otro lado del océano, las intimidades del Tercer Reich y sus conexiones funambulescas con Venezuela, pequeño país del Caribe mestizo y primitivo, destinado a proporcionar mano de obra sumisa y barata a la industria de la gran Alemania. Luego la realidad sucumbe en el delirio. El holocausto corona su proyecto burocrático de exterminio. Hitler gana la guerra. En Venezuela, los militares toman el poder. Una bomba colocada por un terrorista hace volar en pedazos el teatro de Bayreuth y toda la plana mayor del Tercer Reich es aniquilada de un solo golpe, mientras en el escenario tiene lugar una representación privada de El Anillo de Los Nibelungos. La pesadilla ha terminado y apenas deja un leve escalofrío bajo la piel. El gordito del Táchira se arrellana en su silla. La civilización cristiana respira con alivio. En realidad, no ha pasado nada.

Novela que corre desde la intimidad más cerrada al gran tablado de la historia del Siglo XX, caricaturesco y demencial. Novela erudita y políglota cuando lo pretende, y también visionaria y fantaseadora. En realidad, se trata de un heterónimo del propio Siglo XX en su trance final, cuando los acontecimientos de que hemos sido testigos o que nos han picado cerca, saltan a primer plano, gesticulan con desenfreno casi esquizofrénico, se pasan las caretas uno al otro y se comportan como la anticipación de un futuro que no tuvo lugar, pero que al final parece como si empezara a tenerlo. Mientras tanto, Venezuela cambia de nombre. Deviene la Quinta República.

¿Adónde vamos?

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